El sueño infantil es uno de los pilares del desarrollo, pero también uno de los aspectos más subestimados en la vida diaria. Muchos padres creen que basta con acostar a sus hijos a una hora razonable para garantizar un buen descanso. Sin embargo, especialistas advierten que existe un error cotidiano muy común que puede afectar seriamente la calidad del sueño: el uso de pantallas antes de dormir.
Este hábito, aparentemente inofensivo, se ha convertido en una de las principales causas de alteraciones del sueño en niños.
Tablets, teléfonos y televisores forman parte del entorno diario de los niños. Para muchos padres, permitir su uso antes de acostarse parece incluso una forma práctica de relajar al niño. Dibujos animados, videojuegos o videos cortos pueden ayudar a que se calme… al menos en apariencia.
El problema es que el efecto real es el contrario. Aunque el niño parezca tranquilo, su cerebro permanece activo y estimulado, dificultando el proceso natural de conciliación del sueño.
Un especialista en pediatría del sueño lo resume así:
“El cuerpo del niño está en la cama, pero su mente sigue despierta.”
Las pantallas emiten una luz azul que interfiere directamente con la producción de melatonina, la hormona responsable del sueño. Cuando esta hormona se ve alterada, el organismo pierde su señal natural de descanso.
Además, el contenido digital suele ser estimulante, rápido y cambiante, lo que mantiene al cerebro en un estado de alerta constante. Como resultado, los niños tardan más en dormirse y su sueño es más ligero y fragmentado.
El impacto no se limita a la hora de dormir. Un sueño de mala calidad puede afectar múltiples aspectos de la vida del niño. Los expertos señalan que este hábito puede provocar:
Estos efectos suelen aparecer de forma progresiva, lo que hace que el problema pase desapercibido durante semanas o incluso meses.
La dificultad principal es que este hábito está completamente integrado en la rutina moderna. No se percibe como un error, sino como una práctica normalizada. Además, los efectos no son inmediatos, lo que refuerza la idea de que “no pasa nada”.
Sin embargo, los especialistas insisten en que la repetición diaria es lo que termina generando el problema.
La solución no implica eliminar completamente la tecnología, sino establecer límites claros. Los pediatras recomiendan evitar cualquier pantalla al menos una hora antes de dormir y sustituir ese tiempo por actividades más relajantes.
Leer un cuento, escuchar música suave o simplemente conversar pueden ayudar al niño a desconectar progresivamente y preparar su cuerpo para el descanso.
Modificar este hábito puede parecer sencillo, pero sus efectos son profundos. Muchos padres que han reducido el uso de pantallas por la noche notan mejoras en pocos días: niños que se duermen más rápido, descansan mejor y se despiertan con más energía.
Al final, no se trata de grandes decisiones, sino de pequeños ajustes en la rutina diaria. Porque cuando se trata del sueño infantil, lo que parece un detalle puede marcar toda la diferencia.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
A veces, un gesto cotidiano revela más de lo que...
Muchos consumidores asocian la palabra integral con algo automáticamente saludable....
Soy dermatóloga y también madre. Cada día veo pieles pequeñas...


