A veces te despiertas y el brazo parece de otro mundo, torpe y sin fuerza. Esa sensación de hormigueo y adormecimiento suele ser pasajera y, la mayoría de las veces, tiene una explicación simple. “Tu cuerpo no conspira contra ti; te avisa de que cambies de postura”. Entender por qué ocurre te ayuda a dormir más tranquilo y a saber cuándo buscar ayuda.
El “se me duerme” es una parestesia: los nervios reciben menos señal por compresión o estiramiento, y la piel “zumba”. A veces también influye el flujo sanguíneo, pero el protagonista casi siempre es el nervio. Cuando aflojas la presión, la conducción vuelve y notas pinchazos de “despertar” nervioso.
Si la presión es breve, el problema es funcional y reversible. Si es repetida o intensa, el nervio se irrita y aparece dolor, debilidad o torpeza. “No es solo circulación; es sobre todo mecánica del nervio”.
Dormir de lado, con el hombro aplastado, comprime el plexo braquial y adormece el brazo. Apoyar el codo muy flexionado castiga el nervio cubital: se duermen anular y meñique. Mantener la muñeca doblada hacia abajo irrita el nervio mediano (túnel carpiano): hormigueo en pulgar, índice y medio.
Brazos por encima de la cabeza estiran los nervios del cuello al pecho, y un colchón muy blando hunde el hombro y pellizca más los tejidos. Pequeños cambios de apoyo reducen mucha presión.
El túnel carpiano, el cuello con artrosis o una hernia cervical sensibilizan los nervios. El embarazo, el hipotiroidismo y la diabetes aumentan retención de líquidos o dañan fibras nerviosas. Déficit de vitamina B12, alcohol en exceso y ciertas medicinas también predisponen.
La tensión del día cuenta: hombros encogidos, teclado alto, ratón lejano, o largas horas con el móvil flexionan muñecas y codos. Llegas a la cama con los nervios ya irritados, y la noche hace el resto.
Una cosa es el hormigueo que se va al cambiar de postura, y otra los síntomas persistentes o acompañados de otros signos. Busca atención si aparece:
“Si hay debilidad o el síntoma no respeta el día, no esperes: consulta”.
Prueba dormir de lado con una almohada entre brazos para mantenerlos a media flexión. Mantén muñecas en posición neutral; si las doblas dormido, una férula blanda nocturna puede ser útil. Evita apoyar el codo bajo la almohada o plegarlo más de 90 grados.
Cuida el cuello: almohada que mantenga la cabeza a la altura del tronco, sin hiperflexión ni hiperextensión. Si duermes boca arriba, apoya brazos a los lados, sin elevarlos sobre la cabeza. Un colchón que no hunda el hombro reparte mejor la carga.
Antes de dormir, estira suave hombros, cuello y antebrazos; no fuerces ni rebotes, solo 20–30 segundos por postura. Limita alcohol por la noche y mantente hidratado. Durante el día, baja el teclado, acerca el ratón y alterna manos si puedes: menos irritación acumulada, menos hormigueo al acostarte.
Cuando las molestias se repiten, conviene una evaluación clínica. El profesional revisará sensibilidad, fuerza y reflejos, y hará maniobras como Phalen o Tinel en la muñeca, o pruebas en el codo para el nervio cubital. A veces piden estudios de conducción nerviosa, ecografía del túnel carpiano, o imagen del cuello si hay signos radiculares.
En laboratorio pueden valorar B12, glucosa y tiroides. El tratamiento suele incluir fisioterapia enfocada en movilidad cervical, deslizamientos neurales y fortalecimiento de escápulas. Las férulas nocturnas ayudan en el túnel carpiano; los antiinflamatorios alivian fases agudas. Si falla lo conservador, las inyecciones locales o, rara vez, la cirugía corrigen la compresión.
“Dormir no debería adormecer tu vida”. Con pequeñas decisiones —postura, soporte y hábitos—, la mayoría de estos hormigueos se apagan. Y si algo no cuadra, mejor saberlo a tiempo: tus nervios te lo están diciendo.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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