Este pequeño animal nocturno se está instalando en los jardines españoles este verano y nadie lo nota


Este pequeño animal nocturno se está instalando en los jardines españoles este verano y nadie lo nota

Los atardeceres se han vuelto más cálidos y silenciosos, y en ese respiro entre riegos y cenas al aire libre, un visitante minúsculo está aprendiendo a moverse sin ser visto. Entre macetas, setos y troncos apilados, sus ojos brillan como cuentas negras y su paso es tan leve que apenas deja rastro.

Quien lo descubre por azar, a la luz tenue de una farola, suele quedar intrigado. “Creí que era un ratoncito con antifaz”, comentan vecinos que lo han observado desde la ventana. Y, de algún modo, no van muy desencaminados.

El “antifaz” que delata a un viejo vecino

Se trata del lirón careto (Eliomys quercinus), un pequeño mamífero nocturno con una máscara oscura que enmarca los ojos. Es ágil, trepador, con cola larga y punta algo más poblada, y un pelaje gris suave en el lomo y claro en el vientre. Prefiere refugios tranquilos: huecos en muros, nidos viejos de aves, cajas de herramientas, pérgolas o huecos de árboles.

Activo desde finales de primavera, aprovecha las noches templadas del verano para explorar huertos y patios. Allí encuentra insectos, caracoles, frutos caídos, higos olvidados, moras de seto y, si puede, alguna semilla gorda. Su presencia no es nueva, pero su discreción es casi perfecta.

Por qué aparece más en verano

Las noches estivales son un banquete para insectívoros y oportunistas. Entre riegos, luces de jardín y frutales en sazón, los patios ofrecen comida y refugio. Además, los periodos de calor prolongado empujan a los juveniles a dispersarse, buscando huecos frescos y alimento fácil cerca de zonas habitadas.

“Los jardines con estructuras y rincones —composteras, apilamientos de leña, setos mixtos— se convierten en auténticos microbosques”, señalan naturalistas que lo estudian. Menos pesticidas, más flores nocturnas y agua en pequeños bebederos completan el imán perfecto.

Señales silenciosas en tu patio

Detectarlo requiere ojo. De día no lo verás, y de noche se mueve “como una sombra”. Lo delatan pequeñas deposiciones en repisas altas, cascarillas finas de caracol, frutos mordisqueados con cortes limpios y un leve “tic-tic” cuando explora una valla.

Si colocas una linterna cálida y esperas unos minutos, a veces aparece ese rostro con “antifaz”, inmóvil un segundo, antes de desvanecerse entre hojas y canalones. “Cuando por fin lo ves, entiendes por qué casi nadie se entera”, resume un observador urbano.

Un aliado discreto del jardín

Este pequeño comedor de insectos reduce plagas de forma natural. Escarabajos, orugas, tijeretas y polillas forman parte de su menú. También picotea caracoles, lo que alivia daños en lechugas y dalias. Sobre los frutales, suele preferir piezas ya muy maduras o caídas, funcionando como “equipo de limpieza” del suelo.

A diferencia de roedores estrictamente domésticos, evita el interior de la vivienda y prefiere alturas, zarzas y muros exteriores. Con gatos su relación es delicada: donde hay felinos muy activos, su presencia disminuye de forma notable.

Cómo convivir sin sustos

No necesita “control”; necesita hábitat. Si quieres disfrutarlo sin problemas, bastan ajustes simples:

  • Mantén comida humana y pienso en recipientes cerrados; protege cableado expuesto en cobertizos; ofrece agua en platos bajos con una ramita de escape; evita pegamentos o trampas letales; deja un rincón de leña o seto denso para refugio; usa iluminación cálida y temporal para no deslumbrar a la fauna.

Mitos que conviene soltar

No es una “rata” de alcantarilla, ni muerde sin motivo, ni transmite problemas por sistema. Es un silvestre con ciclo estacional: en áreas frías puede entrar en latencia en otoño, y en climas templados reduce actividad cuando el calor aprieta demasiado. “Si no te acercas ni lo acorralas, solo verás un destello y un salto”, comentan quienes lo han anillado en estudios de campo.

Tampoco arrasa frutales sanos: escoge lo que ya está a punto o en el suelo. Y si da un bocado a un higo alto, suele ser un retoque menor comparado con su aporte al control de insectos y babosas.

Si no es él, ¿quién es?

Las noches de verano traen otros vecinos útiles: erizos que patrullan el césped, salamanquesas que “pescan” polillas en las paredes, o pequeños murciélagos que cazan mosquitos en círculos cerrados. Todos comparten un mismo mensaje: menos químicos, más rincones, más vida moviéndose sin hacer ruido.

Si alguna cámara de paso capta un antifaz diminuto y una cola con punta algo peluda, seguramente el misterio esté resuelto. Y quizá, al saberlo, esas salidas nocturnas al jardín tengan un nuevo aliciente: aprender a mirar lo pequeño que nos visita cuando la casa ya duerme.

Andrés Domingo

Sobre el autor

Andrés Domingo

Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.

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