Las plantas de fresa tienen su propio ritmo: cuando el calor aprieta en agosto, disparan estolones como si no hubiera mañana. Esa exuberancia puede ser una bendición o un lastre, según tu objetivo. "Cada jardinero decide su batuta", decía mi abuelo, y en este tema la música cambia con tu plan de cultivo.
Si buscas renovar tu bancal, conviene dejar que algunos hijos echen raíces. Si priorizas la cosecha del año siguiente, te interesa recortar buena parte de esos hilos. La clave no es el dogma, sino una gestión templada y oportuna.
En pleno verano, la madre reparte su energía entre hojas, reservas y estolones. En variedades de día corto (no remontantes), los botones florales del próximo año empiezan a iniciarse a finales de verano. Demasiados estolones pueden drenar esa reserva y restar flores para la primavera.
En variedades remontantes o de día neutro, la planta intenta fructificar y estolonizar a la vez. "No se puede estar en misa y repicando", y con estas fresas suele ser mejor podar más runners para mantener la producción continua.
Si quieres más plantas para renovar el bancal, selecciona de dos a cuatro estolones por mata, los más vigorosos y sanos, y guía sus puntas a un punto de enraizamiento. El resto, córtalos para no agotar a la madre.
Si prefieres priorizar la cosecha del año próximo, elimina la mayoría de estolones en cuanto aparezcan. Deja, como mucho, uno por planta para reposiciones puntuales, y corta el tallo una vez el hijuelo tenga raíces visibles.
En climas muy cálidos, dejar enraizar sobre el suelo puede fallar por estrés hídrico. Mejor enraizar en pequeñas macetas con sustrato fresco y sombra ligera, y trasplantar al bancal a finales de verano.
Elige hijuelos de primer orden (los más cercanos a la madre). Suelen ser más vigorosos y enraízan mejor.
Coloca una maceta de 8–10 cm con sustrato ligero junto a la planta y fija la corona del hijuelo con una grapa en U o un palillo. Mantén el sustrato húmedo pero aireado.
En 3–4 semanas, cuando veas de 3 a 5 hojas nuevas y raíces firmes, corta el cordón umbilical con tijeras limpias. Ese corte marca el destete: desde ese momento, la nueva planta se sostiene sola.
No trasplantes a pleno sol en horas pico. Hazlo al atardecer, riega a fondo y aporta una pizca de mulch para estabilizar la humedad.
Corta inmediatamente los estolones que no vayas a usar, para que la madre concentre azúcares en reservas y brotes florales. Con los seleccionados para propagar, corta cuando el hijuelo esté firmemente anclado y muestre crecimiento activo.
Una regla útil: "Si tira del hijuelo y resiste, ya es hora de separar". Siempre desinfecta las tijeras y evita cortar tras lluvias prolongadas, cuando los tejidos están más frágiles.
Para fresas de una cosecha (junio-portantes), limita estolones justo tras la renovación de verano, dejando solo los necesarios para rellenar huecos. En agosto y principios de septiembre, permite enraizar unos pocos y separa a las 3–4 semanas.
Para remontantes/día neutro, elimina la mayoría de estolones durante toda la temporada para sostener la fructificación. Enraíza solo los imprescindibles a inicios de verano y separa en cuanto el sistema radicular sea suficiente.
Riega de forma profunda y regular, evitando encharcamientos. Un acolchado de paja o corteza fina ayuda a estabilizar la humedad y controla las malas hierbas.
Aporta un abonado suave y equilibrado a finales de verano para apoyar la inducción floral, sin excederte con el nitrógeno. Mantén la distancia de 30–40 cm entre plantas para buena aireación.
Vigila ácaros y trips en tiempo seco; una ducha fina por las tardes reduce su presión. "Planta fuerte, plaga débil": la sanidad empieza con buen manejo.
En resumen, ni todo tijera ni todo dejar correr. Selecciona, guía, enraíza con intención y corta en el momento justo. Así tendrás plantas jóvenes bien asentadas y una madre con reservas para un primavera generosa.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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