En pleno agosto, la poda en verde se convierte en una aliada silenciosa. Con unos cortes precisos y algo de criterio, el árbol redirige energía y prepara yemas florales más fértiles. “Menos es más cuando se entiende el porqué de cada tijeretazo”.
El calor acelera la cicatrización y reduce el riesgo de hongos, siempre que el clima esté seco. Al abrir claros en la copa, entra más luz y madura mejor la madera que fructificará el año próximo. Eliminar brotes verticales y chupones baja el vigor excesivo y calma la tendencia a crecer sin parar. Así, el árbol invierte azúcares en formar yemas de flor, no solo en hojas.
“Si la luz toca la rama, la rama responde con fruto”. Esa regla sencilla guía la poda estival: menos sombra, más inducción floral. Hecho con mesura, el árbol queda equilibrado y la calidad del tamaño mejora.
Empieza por los chupones rectos, gruesos y muy tiernos, que chupan savia sin aportar fruta; quítalos al ras, respetando el collar de la rama. Retira cruces que rozan y ramas tumbadas que proyectan sombra sobre el interior. Mantén las ramas estructurales bien espaciadas y con ángulos abiertos.
Prefiere cortes de clareo (eliminar de base) frente a cortes de acortamiento (despuntar), porque el clareo frena el vigor y deja entrar sol. Si despuntas, hazlo sobre una yema exterior para guiar hacia fuera y abrir la copa. Evita cortar más del 25–30% de la superficie foliar en una temporada.
“Podar es decidir el futuro inmediato del árbol: cada corte tiene un propósito”.
En manzanos y perales, acorta laterales no fructíferos a 5–7 hojas en agosto, y deja espuelas bien iluminadas para el año siguiente. El exceso de vigor responde mejor a clareos que a despuntes.
En melocotoneros, nectarinos y albaricoqueros, prioriza renovar madera de un año y elimina lo que sombrea las ramillas fructíferas. En estas especies, la madera joven bien soleada es la que da mejor calibre.
En ciruelos y cerezos, poda solo con tiempo seco y cortes moderados; son sensibles a cancros. Abre ventanas de luz, quita chupones y respeta la arquitectura principal.
En higueras, reduce brotes excesivos y aligera el interior; son rústicas, pero agradecen aire y sol para evitar brevas pequeñas y higos tardíos.
Evita podar cítricos en calor extremo; su manejo en verde es más suave y orientado a quitar chupones y mejorar la insolación sin desvestir la copa.
Con menos hoja, ajusta el riego: mantén humedad estable, sin charcos que disparen nuevo vigor. Evita abonados ricos en nitrógeno a finales de verano; podrían brotar tiernos que no maderizan antes del frío. Un acolchado orgánico estabiliza la humedad y alimenta el suelo.
Si abriste mucho la copa, protege contra golpes de sol: blanquea con caolín o pintura blanca diluida las ramas expuestas. Observa 10–14 días después: si reaparecen chupones, elimínalos con la mano, aún tiernos.
“Cuida la herida hoy para cosechar tranquilo mañana”.
Evita podar en ola de calor o justo tras un estrés hídrico severo. No dejes tocones ni hagas cortes al ras del tronco; respeta el abultamiento del collar. No conviertas la copa en un casco uniforme: el árbol necesita graduaciones de luz.
No mezcles herramientas entre árboles enfermos y sanos sin desinfección previa. No corrijas de golpe años de abandono: reparte el trabajo en dos o tres veranos. Y no persigas la simetría perfecta; busca una copa aireada, con caminos de sol y madera joven bien colocada.
Con mirada atenta, cortes pequeños y constancia anual, la poda en verde de agosto se vuelve una inversión discreta pero poderosa: más luz, mejores yemas, y frutos del próximo año con un calibre que se nota.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
Cuando el calor aprieta, los calabacines cambian de ritmo. Las...
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