La salud cardiovascular no depende solo de un alimento, pero las elecciones diarias cuentan. Entre pollo y ternera, la diferencia que más impacta al colesterol es menos obvia de lo que parece. Varios cardiólogos coinciden: "lo que sube el LDL no es tanto el colesterol del plato, sino la grasa saturada y el patrón dietético".
El LDL aumenta con dietas ricas en grasas saturadas y pobres en fibra. El origen animal importa, pero importa más el corte y la preparación. Un cardiólogo clínico lo resume así: "no es el animal, es la grasa que lleva y cómo la cocinas".
Las proteínas que mejor cuidan el corazón suelen ser las de pescado, legumbres y soja. Aun así, si eliges carne, hay formas de hacerlo más cardiosaludable.
El pollo (especialmente la pechuga sin piel) aporta menos grasa saturada por ración que muchos cortes de ternera. Eso favorece un LDL más bajo en el día a día.
En la ternera, la variabilidad es grande. Cortes magros como lomo, solomillo o redondo pueden acercarse al perfil del pollo, pero otros, y la carne picada, suelen concentrar más saturadas.
Ambas carnes contienen hierro hemo y colesterol dietético. Hoy sabemos que el colesterol de los alimentos pesa menos que las saturadas, aunque en personas con hipercolesterolemia familiar puede ser relevante.
La mayoría prioriza el patrón mediterráneo: más vegetales, aceite de oliva, legumbres y pescado. Dentro de ese marco, el pollo sin piel ocupa un lugar más seguro y frecuente que la ternera.
"Si controlas la grasa saturada, el LDL suele acompañar", comenta un especialista. Otra voz añade: "cuando la dieta está cargada de saturadas, da igual si es carne blanca o roja: el LDL sube". Por eso el contexto global importa.
Para la mayoría, 1 ración de carne de 90–120 g, 2–3 veces por semana, puede encajar si el resto del patrón es saludable. Quien tenga LDL alto debería preferir más pollo, pescado y legumbres, y reservar la ternera para momentos puntuales.
La técnica de cocción ayuda mucho: asar, hornear, cocer o saltear con poco aceite mantiene la grasa baja. Freír o empanar eleva las calorías y las saturadas, igualando a veces lo que intentas evitar.
Los embutidos de ternera o de pollo (salchichas, fiambres, hamburguesas industriales) suelen sumar sal, grasas y aditivos. Un cardiólogo es tajante: "la carne procesada complica el perfil lipídico; si es ocasional, mejor". Opta por carne fresca y cortes definidos.
Si tienes LDL elevado, triglicéridos altos o antecedentes familiares de cardiopatía, es prudente limitar la carne roja y procesada. También en personas con síndrome metabólico, donde cada gramo de saturadas pesa más en el perfil lipídico.
En estos casos, el pollo sin piel, el pavo, el pescado y las fuentes vegetales de proteína suelen ofrecer una ruta más segura para el colesterol.
Sí, en moderación y con buen contexto dietético. Un corte magro, ración pequeña, cocción ligera y plato cargado de verduras reduce el impacto. Aun así, para mejorar el LDL, el pollo suele ser la opción más simple y consistente.
"Mi recomendación práctica", señala un cardiólogo, "es pensar en frecuencia: la ternera como invitada ocasional; el pollo y el pescado, como residentes habituales".
No pierdas de vista lo que rodea a la carne: el aceite que usas, las guarniciones, la fibra diaria, el ejercicio y el peso corporal. Ese ecosistema modula el LDL tanto como elegir pollo o ternera.
En suma, si tu meta es un colesterol más favorable, el pollo sin piel parte con ventaja. Y cuando elijas ternera, que sea magra, poca cantidad y bien cocinada, dentro de una mesa donde manden la verdura, el aceite de oliva y la variedad.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
La sandía es un snack popular y saludable en verano....
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