Las cebollas rojas son mucho más que simples toques de color en la ensalada: tienen un sabor suave y ligeramente picante, aportan valiosos compuestos vegetales y ofrecen varios beneficios para la salud.
Ya sea en la sartén, en las verduras asadas, en el pan o crudas en la ensalada, las cebollas se encuentran en casi todas las cocinas. En particular, las cebollas rojas merecen un poco más de atención. Su color intenso hace que los platos sean llamativos, su aroma suele ser más suave que el de las cebollas amarillas, y detrás de la piel roja se ocultan ingredientes que resultan interesantes desde el punto de vista nutricional.
Estas razones respaldan comer cebollas rojas con más frecuencia:
Las cebollas rojas suelen ser algo más suaves que las amarillas, por lo que se pueden comer bien crudas. Su aroma picante, ligeramente áspero a dulce, encaja especialmente bien con platos frescos: en ensaladas, bowls, wraps, salsas o como topping crudo sobre pan, pizza y verduras asadas.
Otro punto a favor: especialmente cuando se consumen crudas, las cebollas rojas conservan muy bien sus compuestos que se degradan con el calor. Puedes leer más al respecto en este artículo:
El llamativo color rojo a violeta de las cebollas rojas se debe principalmente a los antocianinas y la quercetina. Ambos compuestos pertenecen a los flavonoides, es decir, a los compuestos vegetales secundarios. Según la Sociedad Alemana de Nutrición (DGE), los flavonoides pueden ejercer efectos antioxidantes, reducir la presión arterial, ser antiinflamatorios y tener propiedades antibióticas. Además, se asocian con un menor riesgo de ciertos tipos de cáncer y de enfermedades cardiovasculares.
En ocasiones, ya la primera impresión decide si nos apetece un plato. Las cebollas rojas aportan color, textura y aroma al plato, y así hacen que muchos platillos resulten de inmediato más interesantes. Quien quiere comer más verdura puede, con ellas, realzar platos simples en lo visual y en el sabor sin esfuerzo.
No solo el color hace atractivas a las cebollas rojas. Como otras cebollas, contienen aceites esenciales y compuestos de azufre, llamados sulfuros. Son los responsables del característico aroma a cebolla y del ligero picante, es decir, de aquello que a veces hace llorar al cortar. Al mismo tiempo, se considera que los sulfuros tienen relevancia para la salud: según la DGE, los resultados de estudios actuales indican que actúan de forma antibacteriana, antioxidante y reducen la presión arterial. Además, estos compuestos se asocian con un menor riesgo de ciertos tipos de cáncer.
Las cebollas rojas aportan color y sabor sin aportar muchas calorías y enriquecen las comidas con nutrientes valiosos. Por cada 100 gramos contienen, según la información nutricional:
Además, hay varios micronutrientes que las cebollas rojas no las convierten en una maravilla vitamínica, pero sí las hacen una aportación razonable para una dieta variada:
Los estudios demuestran que las cebollas tienen muchos efectos positivos para la salud: un análisis de la bibliografía de 2021 sugiere que esta verdura puede contrarrestar el estrés oxidativo y favorecer tanto la inflamación como el sistema inmunitario.
Un análisis de la literatura de 2018 señala además que las cebollas podrían promover la salud en varias enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Se mencionan, entre otras, la obesidad, la hiperlipidemia, la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.
Otra revisión de la literatura de 2015 ve indicios de una relación entre el consumo de cebollas y ajo y un menor riesgo de cáncer. Sin embargo, se requieren más investigaciones para emitir conclusiones definitivas.
Un estudio canadiense examinó in vitro varias variedades de cebolla para su efecto contra las células del cáncer colorrectal. El mayor efecto lo mostró la variedad con el mayor contenido de quercetina: dado que las cebollas rojas pueden contener especialmente mucha quercetina, hay razones para comerlas con más frecuencia.
Las cebollas rojas contienen la fibra inulina, que se clasifica entre los llamados prebióticos. Esto significa: la inulina sirve como alimento para las bacterias intestinales beneficiosas y puede apoyar una microbiota intestinal equilibrada. Al mismo tiempo, esa fibra puede estimular la actividad intestinal y, por tanto, contrarrestar una digestión lenta o el estreñimiento.
Entre sus grandes ventajas está que se pueden conseguir en casi cualquier supermercado, en el puesto del mercado semanal o en la tienda de productos ecológicos por poco dinero. Además, se pueden conservar durante bastante tiempo si se almacenan en un lugar fresco, seco y oscuro, lo que las hace prácticas para la despensa.
Las cebollas rojas también se pueden cultivar en tu propio jardín o en un balcón, de modo que sabes exactamente de dónde proceden. Semillas orgánicas o bulbos de cebolla se pueden conseguir en línea, por ejemplo en Bloomling, Saat & Gut o Amazon.
A pesar de las muchas razones para elegir las cebollas rojas, también conviene conocer los posibles efectos secundarios: las personas con una digestión sensible pueden experimentar molestias como flatulencia y diarrea tras consumirlas. Aquellas con síndrome del intestino irritable pueden notar un empeoramiento de los síntomas y deben ser particularmente precavidas.
Algunas personas con intolerancia a la histamina también reportan molestias tras el consumo de cebolla.
Las cebollas rojas no son un agente milagroso, pero sí un alimento sencillo con muchos beneficios. Aportan aroma y color a los platos, aportan variedad a la mesa, son asequibles, fáciles de almacenar y aportan compuestos vegetales secundarios que se asocian con numerosos efectos positivos para la salud. Quien las tolere bien puede, por tanto, optar por las cebollas rojas con más frecuencia que las amarillas. Debido a posibles residuos de pesticidas y para apoyar la agricultura biológica, recomendamos comprar este vegetal en calidad orgánica.
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Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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