Las dietas bajas en carbohidratos se han asociado durante mucho tiempo tanto con la pérdida de peso como con la gestión de la diabetes tipo 2. Cada vez que consumimos carbohidratos, el nivel de azúcar en la sangre aumenta y se libera la hormona insulina. La producción de insulina puede favorecer el almacenamiento de grasa en nuestro cuerpo, y algunas personas descubren que al reducir la cantidad de carbohidratos en la dieta se libera menos insulina, lo que provoca menos almacenamiento de grasa y, por ende, pérdida de peso, señala Evans. Aquellos a quienes se les ha diagnosticado prediabetes, diabetes tipo 1 o diabetes tipo 2 pueden recibir de un médico o un dietista la indicación de seguir una dieta baja en carbohidratos para ayudar a controlar su glucosa en sangre, añade Evans.
“Por lo general, recomiendo dietas bajas en carbohidratos a personas con diabetes tipo 2, prediabetes o resistencia a la insulina,” coincide la Dra. Deena Adimoolam, médica endocrinóloga y especialista en obesidad. “Estas condiciones subyacentes pueden conducir a niveles más altos de glucosa en sangre, y consumir alimentos con alto contenido de carbohidratos eleva esos valores de glucosa.” Ella señala que aquellas personas que presentan deficiencias nutricionales subyacentes o trastornos crónicos del hígado o de los riñones deberían evitar las dietas bajas en carbohidratos.
Y si la diabetes o la pérdida de peso no son preocupaciones para usted, mantener a raya los carbohidratos puede ser beneficioso para prevenir picos de glucosa entre comidas (también conocidos como ese temido subidón y caída de azúcar). Además, señala que es una excelente manera de aumentar la ingesta de verduras, frutas y proteínas.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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