Queso feta, queso de pastor, queso balcánico: aunque todos estos tipos se parecen al feta, no son exactamente lo mismo. El feta auténtico se identifica principalmente por cuatro características.
Cuando quieras preparar platos mediterráneos, a menudo se solicita Feta. Sin embargo, también existen numerosas imitaciones del queso griego, que en parte difieren considerablemente del original. Por ello, hay que mirar con atención al comprar.
El feta auténtico se distingue principalmente por cuatro características especiales. Aquí te explicamos cuáles son estas señales de autenticidad.
El feta auténtico ya se identifica claramente por su nombre al comprar. Una norma de la UE establece que solo el feta auténtico puede llamarse realmente “feta”. En caso contrario, debe figurar en la etiqueta del alimento otro nombre, por ejemplo “queso de pastor” o “queso de oveja”.
Si quieres el original, solo debes comprar queso que lleve el nombre de Feta. Eso no es siempre tan sencillo como parece: los fabricantes de imitaciones pueden usar designaciones confusas como “queso al estilo feta”. Sin embargo, el original se llama simplemente “Feta”.

También una mirada a los ingredientes revela rápidamente si tienes feta auténtico en la mano. Este no debe contener leche de vaca. En su lugar, el queso feta debe elaborarse con leche de oveja. También se puede usar leche de cabra, pero como máximo un 30 por ciento.
Si no se cumplen estas condiciones, el producto suele llamarse simplemente queso de oveja, queso de pastor, queso balcánico u otro nombre similar. Estas variantes suelen elaborarse en su mayoría con leche de vaca o contener una parte de ella.

El feta debe provenir de Grecia. Tanto la producción de la leche como su procesamiento y la fabricación del queso no deben realizarse en otros países. Por ello, el feta ostenta el sello amarillo y rojo de una “Denominación de Origen Protegida” (DOP).
Busca este símbolo en el envase del feta para comprar el original. Las imitaciones no pueden llevar el sello. En ocasiones, al feta auténtico se le añade la abreviatura “g. U.” (para “denominación de origen protegida”) directamente en el título, además del sello.

El sabor del feta auténtico es mucho más intenso que el de las imitaciones elaboradas con leche de vaca. Estas últimas suelen tener un sabor más suave, ya que no contienen leche de oveja o solo en cantidades muy reducidas. La leche de vaca no alcanza esa intensidad de sabor. Tampoco el remojo en salmuera de queso de pastor cambia esto.
Por su elaboración a partir de leche de oveja y su maduración en salmuera, el feta sabe distinto a muchos otros quesos. Por ello, con esta especialidad griega puedes añadir un toque de sabor único a muchos platos. Aquí tienes algunas recetas deliciosas:
Otra alternativa deliciosa y respetuosa con el medio ambiente es el feta vegano. Aunque tampoco se trata de feta real, no lleva ingredientes de origen animal y no provoca sufrimiento animal. Cómo preparar la versión vegana tú mismo, lo explicamos aquí:
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Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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