“Con los tratamientos clásicos me dolían las piernas y me costaba dormir”, cuenta Marta, 58 años, tras años de lucha contra el colesterol alto. Su historia se repite en miles de pacientes: buen control en los análisis, pero dolores musculares persistentes que les obligan a abandonar la terapia. Hoy, un fármaco oral de nueva generación ofrece una alternativa real: bajar el LDL sin recurrir a las estatinas y, sobre todo, sin activar el músculo.
En consulta, muchos pacientes relatan mialgias y rigidez tras iniciar estatinas, un efecto que en estudios controlados aparece en un porcentaje menor, pero que en la práctica clínica puede ser muy disruptivo. “No es que las estatinas no funcionen; funcionan muy bien, pero no a todo el mundo le sientan igual”, explica un cardiólogo de hospital público.
Los síntomas varían de simple molestia a calambres que limitan la vida diaria, y obligan a suspender o reducir dosis, con la consiguiente pérdida de protección cardiovascular. De ahí el interés por terapias que bajen el LDL sin tocar el músculo.
El ácido bempedoico es una pastilla diaria que inhibe la ATP-citrato liasa, una enzima clave en la síntesis de colesterol en el hígado. Es un prófármaco que se activa solo en el hepatocito, y no en el músculo esquelético, lo que reduce la probabilidad de mialgias relacionadas.
En monoterapia disminuye el LDL entre un 17% y un 24%, y combinado con ezetimiba puede rondar el 35–38%, cifras relevantes para perfiles con riesgo alto o para quienes abandonaron estatinas por efectos secundarios. “Lo que más agradecen los pacientes es poder seguir su vida sin agujetas permanentes”, señala una internista de atención especializada.
Más allá de bajar números, el ensayo CLEAR Outcomes (2023) mostró una reducción significativa de eventos cardiovasculares mayores en personas intolerantes a estatinas. El beneficio se observó en prevención secundaria y también en determinados perfiles de prevención primaria con riesgo elevado.
Esta evidencia ha impulsado su uso en guías y consultas, y ha reavivado el debate sobre escalonar el tratamiento del colesterol con combinaciones que no dependan exclusivamente de las estatinas.
Los candidatos típicos son quienes necesitan bajar LDL y no toleran estatinas, o quienes, aun tolerándolas, requieren una reducción adicional. También se valora en hipercolesterolemia familiar heterocigota, y en pacientes con enfermedad cardiovascular establecida sin objetivos alcanzados.
Se administra una vez al día, con o sin comida, y puede combinarse con ezetimiba para potenciar el descenso de LDL. No requiere titulación compleja, y su perfil farmacológico facilita la adherencia.
Los efectos adversos más comentados son el aumento del ácido úrico (con algún caso de gota), elevación leve de enzimas hepáticas y, raramente, problemas de tendón. Por ello conviene vigilar analíticas y avisar ante dolor brusco en talón o pantorrilla, especialmente en personas con factores de riesgo para tendinopatías.
La ezetimiba sigue siendo una herramienta simple y bien tolerada, con reducciones modestas pero útiles. Los inhibidores de PCSK9 (alirocumab, evolocumab) y el siRNA inclisirán logran caídas del LDL muy marcadas, pero se administran por inyección. El valor del ácido bempedoico está en ser una opción oral con respaldo de eventos clínicos en intolerancia a estatinas.
“Disponemos de un arsenal creciente, y la clave es personalizar”, resume un lipidólogo. “No se trata de demonizar las estatinas, sino de tener plan B —y C— cuando no son la mejor opción”.
Frente a las estatinas genéricas de muy bajo coste, el ácido bempedoico es más caro, aunque cada vez cuenta con más cobertura según país y aseguradora. El uso combinado, al permitir menos dosis de otros fármacos, puede optimizar la relación beneficio-coste en determinados perfiles.
Los expertos anticipan mayor adopción tras la evidencia de resultados clínicos, especialmente en atención primaria y cardiología, donde muchos pacientes buscan alternativas que respeten su calidad de vida.
Incluso con nuevas terapias, la base sigue siendo dieta saludable, ejercicio regular y control del peso. Un patrón tipo mediterráneo, con fibra, legumbres y grasas insaturadas, contribuye a bajar el LDL y a reducir inflamación sistémica.
Dormir bien, gestionar el estrés y evitar el tabaco refuerzan la protección cardiovascular. “La píldora ayuda, pero el terreno lo prepara el paciente con sus hábitos”, recuerda una nutricionista de equipo multidisciplinar.
“Hoy subo las escaleras sin pensar y mis análisis están en rango”, dice Marta, que combina ácido bempedoico con ezetimiba y cambios sostenidos en su estilo de vida. Para quienes no podían seguir con estatinas, la llegada de esta pastilla abre un camino práctico y esperanzador hacia un colesterol bajo y un riesgo cardiovascular mejor controlado.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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