A partir de cierta edad, la boca cambia tanto como el resto del cuerpo. El esmalte se vuelve más frágil, las encías son más sensibles y muchos fármacos resecan la saliva. “El envejecimiento oral no es un fallo, es un proceso”, recuerda un odontólogo geriátrico, “pero hay hábitos que conviene dejar para que la sonrisa llegue fuerte a la década siguiente”.
El cepillado agresivo con cerdas duras desgasta el cuello del diente y retrae la encía. Pasa a un cepillo suave, movimientos cortos y presión ligera. “La regla es clara: menos fuerza, más técnica”, insisten los periodoncistas.
La xerostomía aumenta caries de raíz y molestias al comer. Los enjuagues con alcohol agravan esa sequedad y alteran la mucosa. Cambia a colutorios sin alcohol y con flúor o xilitol, y bebe agua a sorbos durante el día.
Acostarse con la dentadura puesta triplica el riesgo de neumonía por microaspiraciones y favorece la candidiasis. Retírala por la noche, límpiala con pastillas específicas y deja que las encías respiren. “La prótesis también necesita su descanso”, señala una higienista.
El humo reduce el riego sanguíneo de la encía y enmascara el sangrado, acelerando la periodontitis. El vapeo irrita la mucosa y altera el microbioma. Tu boca a los 60 necesita oxígeno, no toxinas.
Los “pequeños” caprichos frecuentes dejan el pH en ácido más tiempo. Tras la cena, el flujo salival baja y el esmalte queda expuesto. Si necesitas algo, prefiere queso, frutos secos naturales o yogur sin azúcar, y enjuaga con agua.
A partir de los 60, conviene revisar cada 6–12 meses, o cada 3–4 si hay periodontitis o prótesis. “Las encías no se jubilan; si se descuidan, el hueso se pierde”, resume una periodoncista. Las revisiones detectan caries de raíz, fracturas silenciosas y lesiones precancerosas.
Diuréticos, antidepresivos y antihipertensivos reducen la saliva. Si notas boca seca, coméntalo. Pregunta por dentífrico de alto flúor, geles humectantes y chicles sin azúcar. Chupar caramelos azucarados no es la solución.
Morder hielo, abrir paquetes o tronchar almendras provoca fisuras y fracturas de coronas. Usa herramientas para lo duro y protege tus molares con férula si rechinas por la noche.
Limas, pegamentos y “trucos” de internet deforman la base y dañan la mucosa. Si roza, está floja o se mueve al hablar, acude a un profesional para rebase o reparación.
Anticoagulantes, bifosfonatos y antidiabéticos afectan a la odontología. “Lo peligroso no es la medicación, sino ocultarla”, advierte un cirujano. Lleva tu lista de fármacos y decide con tu dentista y tu médico.
Con la edad, los espacios entre dientes se hacen más amplios. El hilo o los interdentales retiran la placa que el cepillo no alcanza. Dos minutos de disciplina diaria salvan años de tratamientos complejos.
Refrescos, agua con gas y zumos ácidos erosionan el esmalte, sobre todo si los bebes a golpecitos todo el día. Tómalos con comida, usa pajita y enjuaga con agua después.
Los márgenes abiertos filtran bacterias y generan caries ocultas. Si notas sensibilidad, bordes ásperos o decoloración, pide valoración. “Lo que se repara a tiempo cuesta menos y dura más”, subraya un odontólogo.
• Lista rápida de cambios inmediatos:
La buena noticia es que pequeños cambios generan grandes beneficios a esta edad. “Cuidar la boca es cuidar tu nutrición, tu respiración y tu autoestima”, concluye una higienista sénior. Empieza hoy: el mejor momento para tu salud oral siempre es el presente.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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