Roncar no es solo un ruido nocturno: es un lenguaje corporal que a veces advierte sobre problemas más profundos. Muchas personas lo normalizan, otras se avergüenzan, y muy pocas preguntan qué revela sobre su salud. Los médicos insisten en una idea sencilla: “El ronquido es un síntoma, no un chiste”.
Hay quien ronca de forma benigna, pero en otros casos existe un trastorno de respiración durante el sueño que altera al corazón sin pedir permiso. “Dormir mal es un estrés repetido y silencioso para el sistema cardiovascular”, señalan especialistas en sueño y cardiología.
El sonido surge cuando el aire tropieza con tejidos de la vía aérea superior que vibran al pasar. La lengua, el paladar blando o las amígdalas pueden estrechar el paso y generar turbulencia sonora.
Aquí conviene distinguir el ronquido simple de la apnea obstructiva del sueño. En la apnea, la vía aérea se cierra por segundos, baja el oxígeno y el cerebro “despierta” para reabrirla, a veces cientos de veces por noche.
Cada pausa respiratoria activa el sistema simpático, sube la adrenalina y se dispara la presión arterial como si corrieras en plena madrugada. Esa montaña rusa nocturna deja al endotelio inflamado y a los vasos más rígidos.
La hipoxia intermitente favorece arritmias, eleva la tensión y acelera la formación de placas en las arterias. No sorprende que aumente el riesgo de fibrilación auricular, ictus y insuficiencia cardiaca en pacientes no tratados.
El riesgo crece con el sobrepeso, el cuello ancho, los ronquidos desde hace años y el consumo de alcohol por la noche. También influyen el tabaco, ciertos sedantes y la congestión nasal por alergias persistentes.
En mujeres, el problema puede estar infradiagnosticado, sobre todo tras la menopausia. En la infancia, las adenoides grandes y la boca abierta al dormir son pistas que requieren atención pediátrica.
Los médicos utilizan cuestionarios como STOP-Bang y la escala de Epworth para estimar la probabilidad de apnea. Si la sospecha es alta, se indica un estudio de sueño, en casa o en un laboratorio especializado.
La prueba reina es la poligrafía o la polisomnografía con medición de oxígeno, flujo aéreo, movimientos torácicos y eventos de apnea. Con esos datos se estima el índice de apnea-hipopnea y se clasifica la gravedad.
Cuando hay apnea, la terapia con CPAP (presión positiva) mantiene la vía abierta y reduce las desaturaciones de oxígeno. “CPAP no es solo para dormir mejor; protege el miocardio a largo plazo”, remarcan los clínicos.
Los dispositivos de avance mandibular funcionan en casos leves o moderados, sobre todo con mandíbulas retrasadas. La pérdida de peso marcada, incluso con cirugía bariátrica, puede transformar la noche y el día.
Evitar el alcohol antes de dormir y los sedantes reduce el colapso faríngeo. Dormir de lado puede disminuir el ronquido posicional en personas con apneas dependientes de la postura.
Cuidar la nariz con lavados salinos y tratar la rinitis mejora el flujo. La actividad física regular y un patrón alimentario tipo mediterráneo ayudan a controlar peso y presión arterial.
“Si roncas y tu presión está alta, el primer tratamiento cardiaco puede empezar por el almohadón”, bromea un cardiólogo con tono muy serio. La risa es bienvenida, pero el mensaje es claro y accionable.
“Cada noche con apneas supone pequeñas sacudidas al corazón, que al acumularse pasan factura”, añaden los equipos de sueño hospitalarios. Detectar temprano evita años de deterioro silencioso.
Consulta si hay somnolencia marcada, pausas observadas, hipertensión de difícil control o antecedentes familiares de ictus prematuro. Si tienes fibrilación auricular, tratar la apnea reduce las recurrencias tras cardioversión o ablación.
En niños con ronquido habitual, bajo rendimiento escolar o respiración bucal, la valoración otorrinolaringológica y del sueño es prioritaria. La intervención oportuna cambia el desarrollo y la conducta.
Dormir con silencio no es un lujo: es un factor de prevención cardiovascular. Si el ronquido manda en la noche, deja que la medicina ponga orden para que el corazón marque el ritmo correcto. “El cuerpo habla cuando duermes; conviene escucharlo”.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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