La frase se repite cada vez más en consultas médicas, conversaciones de trabajo y grupos de amigos: “no duermo”. En el caso de muchos treintañeros españoles, ya no se trata de una mala noche puntual, sino de semanas o meses encadenando despertares, ansiedad nocturna y jornadas laborales sostenidas con café.
El testimonio de una mujer de 34 años que asegura dormir “no más de tres horas desde hace seis meses” refleja un problema más amplio. España arrastra una crisis silenciosa del sueño, especialmente visible entre jóvenes adultos que combinan precariedad laboral, pantallas, horarios extensos, dificultad para desconectar y presión económica.
La Sociedad Española de Neurología estima que entre el 20% y el 48% de la población adulta española tiene dificultades para iniciar o mantener el sueño, y que al menos un 10% sufre un trastorno crónico y grave. Además, menos de un tercio de las personas con problemas de sueño busca ayuda profesional.
Entre los jóvenes, el panorama tampoco es tranquilizador. Un informe sobre hábitos de sueño en personas de 18 a 34 años señalaba que el 83,5% presentaba algún síntoma nocturno de insomnio, mientras que el 61% reconocía quitarse horas de sueño de forma voluntaria para ocio o actividades personales.
Dormir tres o cuatro horas durante meses no equivale simplemente a estar cansado. La falta de sueño continuada afecta a la concentración, al estado de ánimo, a la memoria, al metabolismo y a la salud cardiovascular. También puede aumentar la irritabilidad y agravar cuadros de ansiedad o depresión.
En muchos treintañeros, el insomnio aparece como el síntoma final de una acumulación: jornadas largas, teletrabajo sin límites claros, alquileres altos, incertidumbre económica y sensación de no tener tiempo propio. El móvil suele rematar el problema. La pantalla llena el silencio de la noche, pero también retrasa la desconexión mental.
Los especialistas insisten en que no hay que normalizar meses de mal sueño. Despertarse de madrugada, tardar horas en dormirse o vivir el día en modo supervivencia son señales suficientes para consultar.
El tratamiento no siempre pasa por medicación. Puede incluir higiene del sueño, terapia cognitivo-conductual para el insomnio, cambios de horarios, reducción de estimulantes, gestión del estrés y revisión de otros problemas de salud.
El testimonio de quien no duerme más de tres horas no describe una rareza. Describe una generación que llega a los treinta con la cabeza activa, el cuerpo agotado y la noche convertida en el único momento en que todo lo pendiente aparece de golpe.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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