En las guardias de geriatría, las noches se están volviendo más accidentadas. Cada semana aparecen nuevos casos de mayores que se caen camino al baño, con golpes en la cadera, muñecas fracturadas o un miedo que ya no los suelta. “No es solo la edad”, advierte un geriatra con dos décadas de experiencia. “Es la mezcla de sueño malo, fármacos con efecto residual y casas mal adaptadas”.
El patrón se repite con frecuencia. La persona se levanta a media noche, está somnolienta, la habitación tiene poca luz y el equilibrio falla en los primeros pasos. Un giro rápido, una alfombra mal puesta, una urgencia por orinar… y aparece el suelo.
La somnolencia residual y la confusión transitoria aumentan el riesgo de caída. “En consulta me dicen: ‘doctor, solo media pastilla’, y esa media ya basta para tambalearse a las tres de la mañana”, comenta el especialista.
En miles de recetas aparece el mismo tipo de hipnótico: benzodiacepinas de acción corta o los llamados “Z-drugs” (como zolpidem o zopiclona). En el adulto mayor, estos fármacos aumentan el riesgo de mareo, pérdida de reflejos y amnesia temporal.
Con el uso continuado surge tolerancia: cada vez hace falta más dosis para el mismo efecto, pero el equilibrio y la atención siguen empeorando. “El problema no es solo dormir, es cómo se despierta el cuerpo a las dos, a las cuatro o a las seis”, resume el geriatra.
Las caídas son un fenómeno multifactorial. A los fármacos se añaden la hipotensión ortostática, la deshidratación, la pérdida de vista nocturna y el dolor por artrosis.
También pesan los diuréticos tomados tarde, la urgencia urinaria por próstata o vejiga hiperactiva, la neuropatía por diabetes y el consumo vespertino de alcohol. Todo eso, con poca luz y prisas, es la receta del accidente.
Pequeños cambios en la casa y la rutina nocturna cortan buena parte del riesgo. “No hace falta convertir el dormitorio en un hospital, hace falta convertirlo en un lugar seguro”, sugiere el médico.
Nunca suspendas un hipnótico por tu cuenta: el retiro brusco provoca ansiedad, rebote de insomnio y mareos peores. La retirada debe ser gradual, con reducciones del 10–25% cada 1–2 semanas, según respuesta y síntomas.
Pide una revisión de polifarmacia: ver si hay duplicidades, si los diuréticos pueden adelantarse, si los antihipertensivos nocturnos bajan demasiado la tensión, y si hay interacción con alcohol o antihistamínicos sedantes de venta libre.
Explora causas de insomnio tratables: dolor mal controlado, síndrome de piernas inquietas, apnea del sueño, depresión o ansiedad, problemas de próstata o infecciones urinarias de repetición.
La primera línea en mayores es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I). Ajusta horarios, reduce siestas, expónte a luz matinal, reserva la cama para dormir y entrena rutinas relajantes. No es mágico, pero sí duradero.
En fármacos, conviene priorizar opciones de menor riesgo y dosis muy bajas. En algunos casos, melatonina de liberación prolongada puede ayudar, especialmente si hay desajuste circadiano. Ciertos antidepresivos en microdosis (p. ej., doxepina de baja dosis) se consideran con mejor perfil, aunque siempre personalizados y con control médico.
Evita los sedantes con larga vida media y los antihistamínicos “clásicos” por su efecto anticolinérgico (más confusión, más sequedad, más caídas). “Dormir a cualquier precio sale caro en equilibrio, memoria y autonomía”, insiste el geriatra.
Si hay golpe en cabeza, dolor intenso de cadera, cambios en el estado mental o hematomas grandes con fármacos anticoagulantes, busca atención de urgencia. Aunque la persona “se levante bien”, pueden aparecer complicaciones horas después.
Observa mareos al incorporarse, visión borrosa, debilidad nueva o incontinencia sorprendente. Son pistas de que algo más exige evaluación y ajuste de tratamiento.
Durante años se asumió que “quien no duerme, toma algo y listo”. Hoy sabemos que esa simplicidad sale cara en huesos, independencia y ánimo. “Mi objetivo no es prohibir, es proteger”, concluye el especialista. “Dormir mejor, caer menos y mantener la autonomía es posible con una mezcla de hábitos, entorno seguro y tratamientos prudentes”.
Dormir bien sigue siendo un derecho, pero en la vejez requiere estrategia. Con luz en el pasillo, menos resaca farmacológica y más cuidado en cada paso, la noche puede volver a ser tranquila.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
Hay días en que tu estómago parece tener voz propia....
La Morosche Karottensuppe es un remedio casero para la diarrea...
La ensalada de zanahoria con aderezo es una de las...


