En los meses de invierno, muchas personas beben menos de lo que su cuerpo necesita. Un urólogo consultado advierte que está viendo cada vez más cálculos en el riñón en pacientes que, por el frío, reducen su hidratación y cambian sus rutinas. “No es que el frío fabrique piedras, es que nos olvidamos de beber”, resume con claridad.
El aire seco de la calefacción interior y la menor sensación de sed llevan a una ingesta de líquidos insuficiente. El resultado es una orina más concentrada, rica en sales y compuestos que pueden cristalizar y formar piedras. “La orina debería parecer limonada clara; si es ámbar, ya vamos tarde”, apunta el especialista.
Además, en esta época se consumen más proteínas animales, más sal y menos frutas cítricas, lo que reduce el citrato, un inhibidor natural de la litiasis. El contraste de salir al frío y entrar a ambientes calientes también puede favorecer una pérdida de líquidos inadvertida por sudoración ligera. Si a esto le sumamos alcohol, cafés o tés fuertes sin compensar con agua, el riesgo se dispara de forma silenciosa.
El dolor tipo cólico en la parte baja de la espalda, que irradia a la ingle y aparece en oleadas, es un signo clásico. Puede acompañarse de náuseas, vómitos, ganas urgentes de orinar y sangre en la orina. Si hay fiebre o escalofríos, hay que consultar con urgencia. “El tiempo es clave: cuanto antes se evalúe, mejor se controla el dolor y se evitan complicaciones”, recalca el urólogo.
La meta general son 2–2,5 litros de líquidos al día, ajustando por tamaño corporal, actividad y clima. Vale el agua del grifo, templada o caliente, infusiones sin azúcar, caldos suaves y agua con limón. Las bebidas azucaradas aumentan el riesgo; el alcohol no hidrata. “No esperes a tener sed: programa tu vaso”, aconseja el experto.
Una dieta protectora limita la sal (menos de 5 g al día), modera la proteína animal y potencia verduras, legumbres y frutas ricas en potasio y citrato. El calcio debe venir de alimentos (lácteos, sardinas, brócoli) y no de suplementos, salvo indicación médica. El exceso de espinacas, frutos secos, remolacha o chocolate aporta oxalatos; si los consumes, combínalos con calcio en la misma comida para reducir su absorción.
En personas con tendencia a uratos, reducir vísceras, caldos concentrados y alcohol fuerte puede bajar el ácido úrico. Mantener un peso saludable y evitar dietas cetogénicas estrictas también protege la orina.
No hace falta beber agua helada. Las infusiones tibias, el agua a temperatura ambiente y los caldos poco salados cuentan como aporte. Un termo en la mesa ayuda a sostener el hábito. “Piensa en tu riñón como en un filtro: funciona mejor si el flujo no se detiene”, ilustra el urólogo.
Primero se confirma el diagnóstico con análisis de orina y, de ser necesario, una tomografía de baja dosis. Se valora el tamaño y la ubicación del cálculo, el dolor y los signos de infección. Para muchos casos pequeños se indica analgesia, hidratación dirigida y, en ocasiones, fármacos que facilitan la expulsión. Si la piedra es grande o hay obstrucción, se recurre a litotricia por ondas, ureteroscopia o, rara vez, cirugía percutánea.
Tras la fase aguda, se hace prevención personalizada: análisis metabólicos, ajuste de dieta, metas de orina de 24 horas y seguimiento. “La mejor terapia es la que evita el próximo episodio”, concluye el especialista.
En pleno invierno, poner un vaso de agua sobre el escritorio, sumar una rodaja de limón y elegir sopas menos saladas puede marcar la diferencia. Mantener la orina clara, mover el cuerpo y vigilar la sal son gestos simples que tu riñón agradecerá cada día.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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