Nos han enseñado que el calcio llega en taza, que la leche es la reina y que sin ella los huesos se resienten. Pero hay una semilla diminuta, sabrosa y versátil, que puede dar una sorpresa a tu despensa. “A veces, lo más potente viene en envases pequeños”, y en este caso, también muy crujientes.
El calcio sostiene la estructura ósea, participa en la contracción muscular y en la señalización nerviosa. Un déficit crónico puede debilitar los huesos, aumentar el riesgo de fracturas y comprometer el rendimiento físico. “No se trata solo de comer, sino de construir reserva a lo largo del tiempo”.
La semilla de sésamo (ajonjolí) destaca por su densidad mineral. En 100 g de sésamo hay cerca de 975 mg de calcio, mientras que un vaso de leche de 250 ml ronda unos 300 mg del mineral. La comparación, gramo a gramo, favorece de forma clara al ajonjolí. Además, aporta magnesio, grasas insaturadas y antioxidantes como el sesamol. “Comer sésamo es sumar nutrientes en varios frentes con un solo gesto”.
Ahora bien, la biodisponibilidad cuenta. El sésamo contiene fitatos y oxalatos que reducen la absorción. Aun así, con buenas técnicas de cocina, la cifra efectiva mejora, y su perfil nutritivo global compensa con creces.
Para que el calcio del sésamo trabaje a tu favor, conviene manipular las semillas con cierta intención. “No se trata solo de cuánto comes, sino de cuánto aprovechas”.
Un gesto tan simple como usar tahini en una salsa ya marca una diferencia.
Una o dos cucharadas diarias (10–20 g) aportan entre 100 y 200 mg de calcio, además de grasas saludables y proteína vegetal. En personas que no toman lácteos, esta cantidad suma de manera constante. Quienes sí los consumen también pueden combinar, porque la diversidad alimentaria reduce carencias y amplía sabores.
Hay matices: si tienes alergia al sésamo, evita su consumo; si sufres cálculos renales por oxalato, consulta con tu médico; y si tomas fármacos que interfieren con minerales, separa su ingesta por un par de horas. “Personaliza, observa y ajusta: la nutrición es un diálogo, no un dogma”.
La chía también es una gran fuente, con buen perfil de fibra y omega‑3, y la amapola es notable en calcio por 100 g. Sin embargo, por versatilidad culinaria y disponibilidad global, el sésamo se lleva el protagonismo. Alternarlas en la semana multiplica texturas, eleva micronutrientes y mantiene el placer de comer.
El ajonjolí no solo suma calcio: aporta lignanos con efecto antioxidante, grasas mono y poliinsaturadas, y un sabor que realza platos simples. “La constancia vence a la perfección”, así que empezar con un frasco de tahini en la nevera y un puñado de semillas en la despensa es ya un gran paso. Con pequeños cambios, tus huesos agradecerán la regularidad, tu paladar la variedad, y tu plato la chispa crujiente que solo el sésamo sabe dar.
Sobre el autor
Andrés Domingo
Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.
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