Salchicha vegetariana sí, tocino vegano no: por qué el compromiso de la UE es tan absurdo


El Parlamento Europeo ha decidido que una salchicha de tofu puede seguir llamándose salchicha, pero el tocino vegano ya no podrá llamarse tocino. A veces basta una sola frase para desvelar un debate de fachada.

Europa tiene problemas: guerras en sus fronteras exteriores, una economía debilitada, la competitividad frente a China y a Estados Unidos, la reducción de la burocracia, la transición energética, la transformación de la agricultura y, por supuesto, la cuestión de si un producto vegano puede llamarse tocino.

La respuesta, a partir de ahora, es no. Al menos cuando se trata de tocino. En lo que respecta a salchichas, gyros, schnitzel o hamburguesas, la cosa es distinta. Se mantienen permitidas.

Oficialmente se trata de protección al consumidor: los consumidores y las consumidoras no deben ser engañados. Por ello, la UE diferenciará a partir de ahora entre modos de preparación y piezas de carne concretas. La salchicha puede seguir llamándose salchicha. El tocino, no.

Eso suena solo medianamente plausible. Y aún más cuando uno se pregunta qué problema se supone que se resuelve con ello.

El problema con el problema

Ningún indicio hay de que la gente vaya a comprar «tocino vegano» y, al llegar a casa, se lleve la sorpresa de descubrir que no contiene cerdo. La mayoría de los consumidores y consumidoras entiende muy bien lo que significa la palabra «vegano».

Sin embargo, ahora se traza un nuevo límite, atravesando las alternativas vegetales por completo. Una salchicha de tofu puede seguir llamándose salchicha. El tocino vegano ya no podrá llamarse tocino. Perdón por la repetición, pero eso pone en evidencia lo absurdo.

¿A quién beneficia la nueva frontera?

La respuesta se halla menos en la estantería de refrigerados que en la historia de cómo se originó el debate. La exigencia de normas más estrictas no provino de los consumidores y consumidoras que confunden habitualmente el tocino vegano con la carne de cerdo.

La exigencia de reglas más estrictas vino sobre todo del sector agrícola y de la industria cárnica, que quiere proteger con mayor firmeza las designaciones tradicionales de la carne.

Y eso explica precisamente por qué, al final, surgió un compromiso que actúa menos como protección al consumidor y más como una tranquilización simbólica para un sector que recibe cada vez más competencia.

Con ello no se resuelve ningún problema evidente. Solo ha emergido una nueva norma y otro indicio de cuánta energía política, a veces, fluye hacia cuestiones que fuera de los espacios de negociación política casi nadie planteó.

Europa puede respirar aliviada.

Lee también: La UE vota sobre la prohibición de la hamburguesa vegana. La justificación es absurda

Andrés Domingo

Sobre el autor

Andrés Domingo

Andrés Domingo es el redactor jefe de noticias de SECIP.

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